sábado, 6 de octubre de 2001

Hans Georg Gadamer: El inicio de la sabiduría

Publicada en Suplemento Cultura, diario La Nación, el Miércoles 3 de octubre de 2001

Hay dos tópicos ineludibles en la obra del filósofo alemán Hans Georg Gadamer, que el 11 de febrero último cumplió 101 años: su relación con Heidegger, a quien conoció cuatro años antes de que publicara Ser y tiempo y de quien fue discípulo y amigo personal, y la hermenéutica, corriente filosófica de la que sentó las bases en Verdad y Método , su obra fundamental.

El inicio de la sabiduría reúne seis ensayos breves en los que la hermenéutica gadameriana se orienta hacia la Grecia antigua buscando dar lugar a que textos de filósofos como Heráclito, Parménides, Demócrito, Anaxímenes y otros presocráticos puedan decir su verdad. No se trata ni de reducirlos a su contexto histórico, convirtiéndolos en meros objetos de estudio que nada tengan que comunicarnos, ni de concebirlos como eslabones de un proceso de superaciones continuas que culminaría en nuestro presente. "Sólo es posible hacer hablar a esta tradición en ruinas de los presocráticos -escribe Gadamer- si se tienen constantemente a la vista los primeros textos filosóficos que se han conservado realmente, es decir, los diálogos platónicos y la inmensa masa de escritos de Aristóteles." Porque, si bien es cierto que gracias a Platón y Aristóteles -y, en el caso particular de Heráclito, a autores cristianos como Hipólito y Clemente- disponemos de los fragmentos de los primeros filósofos, no menos cierto es que su interés, al recogerlos, no era preservar para la posteridad el núcleo del pensamiento de sus antecesores, sino, más bien, tomar de aquellos filósofos lo que pudiera resultarles útil para desarrollar sus propios planteos. De manera que, si queremos escuchar a los presocráticos, debemos intentar "deducir el causante a partir del efecto".

Así, en "Sobre la transmisión de Heráclito" (1974) y en "Estudios heraclíteos" (1990), Gadamer parte de una extensa cita de Hipólito que supuestamente sería atribuible a Heráclito y procede a realizar una depuración consistente en "quitar la capa de sedimentos cristianos y determinar la sentencia de Heráclito". El texto de Hipólito dice: "En tanto en cuanto el padre no haya llegado a nacer, puede con justicia ser llamado padre. Pero cuando se rebajó a tomar en sí el nacer, fue engendrado el hijo, él mismo de sí mismo y no de alguien otro". Luego de una minuciosa labor de "reconstrucción por vía morfológica", el texto emergente es "El padre es hijo de sí mismo" que, al decir de Gadamer, significa que si el padre engendra un hijo, se hace padre a sí mismo.

Además de los textos dedicados a Heráclito, El inicio de la sabiduría contiene un trabajo sobre Demócrito, "El atomismo antiguo"(1935); uno dedicado a los presocráticos en general, "Platón y la cosmología presocrática"(1964); y dos en los que se abordan los vínculos entre pensamiento antiguo y moderno atendiendo especialmente a sus respectivas concepciones del saber, "La filosofía griega y el pensamiento moderno"(1978) y "El concepto de naturaleza y la ciencia natural"(1994).

El interés que suscita esta compilación es doble. Por un lado, le permite al lector asomarse al taller del filósofo, asistir a su diálogo con los textos y, de este modo, acceder a la filosofía hermenéutica desde un lugar diferente al propuesto en Verdad y Método . Pero, además, Gadamer consigue involucrar de tal forma al lector en esa conversación que los textos de los filósofos presocráticos se presentan ante él plenos de vitalidad.

Gustavo Santiago

jueves, 9 de agosto de 2001

Paul Ricoeur: Del texto a la acción

(Publicada en Suplemento Cultura, diario La Nación, el Miércoles 8 de agosto de 2001)

Paul Ricoeur ha sido un importante protagonista de la discusión filosófica de la segunda mitad del siglo XX. Su propio pensamiento puede tomarse como resultado de esa discusión ya que, si bien es manifiesta en sus trabajos la presencia de la fenomenología de Husserl y de la hermenéutica de Heidegger -de quienes Ricoeur se proclama legítimo heredero-, las marcas trazadas por el existencialismo, el estructuralismo, la filosofía analítica y el psicoanálisis no pueden desestimarse. De dilatada trayectoria, acaso el período comprendido entre mediados de la década del setenta y fines de los ochenta contenga lo más sustantivo de su producción. Por entonces vieron la luz dos de sus obras principales: La metáfora viva (1975) y Tiempo y narración (1983-1985) y, en 1986, dictó las conferencias que cuatro años más tarde darían lugar a Sí mismo como otro .

De esa época datan, también, los trabajos incluidos en Del texto a la acción , publicado en Francia en 1986, que ahora llega a los lectores de habla hispana. Se trata de dieciséis ensayos que, además de presentar de modo sintético los núcleos conceptuales desarrollados por Ricoeur en sus obras mayores, dan cuenta del desplazamiento que en su filosofía se produjo de una hermenéutica de los textos a una hermenéutica de la acción.

Ricoeur ha dividido el volumen en tres secciones a las que precede, a modo de introducción, un extenso trabajo, "Acerca de la interpretación", donde repasa su itinerario personal, en el que ha sabido nutrirse de las fuentes más diversas, y lo justifica sosteniendo que "una filosofía hermenéutica es una filosofía que asume todas las exigencias de este largo rodeo y que renuncia al sueño de una mediación total, al final de la cual la reflexión se igualaría de nuevo a la intuición intelectual en la autotrasparencia de un sujeto absoluto".

En la primera sección, "Para una fenomenología hermenéutica", el filósofo se enfrenta con la postura según la cual la hermenéutica habría superado a la fenomenología. Para Ricoeur, "lo que la hermenéutica estropeó no es la fenomenología, sino una de sus interpretaciones, la interpretación idealista hecha por Husserl". En realidad, sostiene Ricoeur, "lo que se da entre fenomenología y hermenéutica es una interdependencia". Es en ese cruce entre ambas corrientes donde el filósofo francés ubica su filosofía.

La segunda sección, "De la hermenéutica de los textos a la hermenéutica de la acción", está dominada por el tercer ensayo: "El modelo del texto: la acción significativa considerada como un texto". Allí define el autor los rasgos que constituyen al discurso como acontecimiento, muestra cómo estos rasgos están presentes tanto en el lenguaje hablado como en el escrito y sugiere la posibilidad de extenderlos a las acciones significativas, de modo que éstas puedan ser explicadas recurriendo al "paradigma textual". De ese modo se daría el pasaje del texto a la acción que anuncia el título del libro.

Finalmente, la última sección se centra en la disputa entre la hermenéutica y la crítica de las ideologías. Conciliador, Ricoeur sostiene que "cada una de las dos teorías habla desde un lugar diferente, pero que cada una puede reconocer la pretensión de universalidad de la otra de una manera tal que el lugar de una esté inscripto en la estructura de la otra".

Como suele suceder en las compilaciones, el nivel de los textos no es homogéneo. Así, mientras que "La tarea de la hermenéutica", "Acerca de la interpretación" o "¿Qué es un texto?" resultan excelentes como introducción a la hermenéutica en general y a la de Ricoeur en particular, otros como "La razón práctica" o "Para una hermenéutica crítica" pueden tornarse arduos si no se manejan los conceptos específicos del autor. Por otro lado, la autonomía originaria de los textos, que favorece la lectura independiente, perjudica, en cierta medida, a la obra en general, ya que las repeticiones y superposiciones (la distinción entre explicar y comprender, por ejemplo, es presentada prácticamente en todos los textos) fatigan a quien realiza una lectura de conjunto.

Gustavo Santiago

martes, 26 de junio de 2001

Luc Ferry y Alain Renaut: Heidegger y los modernos

Publicada en Suplemento Cultura, diario La Nación, el Miércoles 20 de junio de 2001)

Cuando, en 1933, Heidegger aceptó el ofrecimiento del gobierno nacionalsocialista alemán para ocupar el rectorado de la Universidad de Friburgo, abrió una herida en la filosofía occidental que, transcurridos casi setenta años, no ha logrado cerrarse.

La discusión en torno al nazismo de Heidegger -en la que intervinieron prácticamente todos los intelectuales de peso de la segunda mitad del siglo XX- alcanzó su punto culminante a fines de los años ochenta, en Francia, a partir de la publicación de Heidegger y el nazismo , del filósofo chileno Víctor Farías. Ese libro ostentó el gran mérito de reunir información que por entonces se hallaba dispersa u oculta y que probaba que el pasaje de Heidegger por el rectorado de la Universidad había sido algo más que su "mayor tontería" -expresión con la que el propio filósofo alemán aludió a ese acontecimiento en una de las escasas referencias que hizo de él posteriormente-. Allí se puso en evidencia, por ejemplo, que Heidegger pagó puntualmente sus cuotas como miembro del Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes hasta 1945, que tuvo una actividad política intensa antes y después de 1933, y que todavía en 1960 mantenía una estrecha relación con Eugen Fischer, ex dirigente del Instituto de Higiene Racial de Berlín. Pero, junto a este mérito, la obra de Farías presentaba serios defectos. Es que, en su obsesión por probar la filiación ideológica de Heidegger, el autor cometió errores groseros como el de confundir la localidad de Sachsenhausen, que Heidegger menciona en una conferencia de 1964, con el campo de concentración homónimo. Además, debido a su enfoque excesivamente biográfico, Farías logró, a lo sumo, poner al descubierto la miseria de Heidegger como hombre, pero poco aportó en relación a la consideración de su obra.

Heidegger y los modernos es un texto en el que, además de reconstruir con prolijidad la polémica suscitada por el "caso Heidegger", Luc Ferry y Alain Renaut, especialistas franceses en filosofía política, buscan completar el trabajo de Farías sosteniendo, provocativamente, que el nazismo de Heidegger puede rastrearse tanto en sus discursos de ocasión como en sus textos propiamente filosóficos. " Ser y tiempo había concebido la posibilidad de un vuelco de la decadencia con la condición de que el hombre decidiera recuperar la autenticidad de su Dasein; los textos del rectorado multiplican las invocaciones a la acción, al despertar, desarrollan abundantemente el tema de la Ôdecisión que hay que tomar´ o del compromiso."

El apoyo principal para su tesis lo encuentran los autores en las críticas a la modernidad y al humanismo presentes, o al menos insinuadas, a lo largo de toda la obra de Heidegger. Estos elementos que en sí mismos parecen no indicar demasiado, ya que pueden hallarse en pensadores a quienes no podría acusarse de partidarios del nazismo como Max Weber o Max Horkheimer, puestos en boca de alguien que estuvo ligado al movimiento asumen, según Ferry y Renaut, un sentido inequívoco. Mientras que en Weber y Horkheimer "la crítica se ejerce en nombre de un futuro concebido como razón objetiva", en Heidegger se hace en nombre "de un retorno al universo premoderno de la tradición".

Aun adoleciendo de un grado de precipitación análogo al del texto de Farías -que llevó al autor a completar con especulaciones poco sólidas el terreno que con los documentos no logró abarcar-, Heidegger y los modernos es un libro que consigue inquietar. Porque, al situar la discusión en el ámbito de las ideas, Ferry y Renaut evitan caer en la mera impugnación ad hominem y, al mismo tiempo, cierran el camino a "depuraciones" ligeras a través de las cuales la obra se ponga a salvo de la ideología de su creador. Por otra parte, sus críticas hacen blanco no sólo en el autor de Ser y tiempo sino en todos aquellos que, desde distintas corrientes, se presentan como sus herederos filosóficos.

Gustavo Santiago

miércoles, 21 de febrero de 2001

Umberto Eco: Entre mentira e ironía

Entre mentira e ironía
Por Umberto Eco
(Lumen, Barcelona)-Trad.: Helena Lozano Miralles-132 páginas

Publicada en Suplemento Cultura diario La Nación el Miércoles 14 de febrero de 2001

Umberto Eco, el prolífico intelectual italiano, autor de novelas como El nombre de la rosa y La isla del día de antes , y de textos teóricos como Obra abierta , La estructura ausente , y Lector in fabula -a los que permanentemente se agregan una profusa cantidad de artículos periodísticos, entrevistas y conferencias sobre los temas más variados-, ha reunido, con el título de Entre mentira e ironía , cuatro ensayos breves en los que expone sus "lecturas" de testimonios sobre la vida del alquimista italiano Cagliostro, de la novela Los novios, de Manzoni, de pasajes de diversas obras de Campanile y de la Balada del mar salado , protagonizada por Corto Maltés, el célebre personaje de Hugo Pratt.

"Migraciones de Cagliostro" es un texto decididamente borgeano. Valiéndose de numerosas fuentes, de cuya autenticidad el lector sabrá sospechar -máxime si se toma en cuenta que, en el propio ensayo, se dice que hay quienes sostienen una "credulidad indiscriminada hacia cualquier fuente" y tienden "a no usar un testimonio cuando se haya demostrado fidedigno sino a juzgarlo fidedigno porque ha sido usado"-, Eco confronta las figuras de dos alquimistas del siglo XVIII, Cagliostro y Saint-Germain, para mostrar cómo, a fuerza de confusiones o intencionalidades ocultas, las caracterizaciones de ambos se han ido entrelazando y los atributos de uno han migrado al otro. Cuando, hacia el final del texto, el propio Eco decide poner en boca de un Cagliostro al borde de la muerte palabras que habrían correspondido a Saint-Germain, se tiene la impresión de que el aparato textual anteriormente desplegado no buscaba más que construir esa confusión y poner en duda no la identidad de Cagliostro, sino la categoría misma de identidad.

En el segundo ensayo, "El lenguaje mendaz en Los novios de Manzoni", Eco analiza, en la novela del escritor milanés del siglo XIX, la presencia de una doble semiosis, "artificial" y "natural". La primera corresponde al lenguaje verbal, que dominan los poderosos para su beneficio; la segunda abarca "los signos denominados naturales, los síntomas médicos y atmosféricos, los rasgos fisonómicos [...], los signos indumentarios, las posturas corporales". A lo largo de toda la novela -y Eco se encarga de apuntalar su tesis con numerosos ejemplos-, Manzoni va tomando partido por la semiosis natural, algo que podría parecer contradictorio habida cuenta de que, obviamente, el texto está escrito en el lenguaje del que se dice desconfiar. Esta aparente contradicción no sólo no es tal, sino que da cuenta de algo propio de toda novela, porque "cada novela en su totalidad -sostiene Eco- se presenta como una máquina, inevitablemente lingüística, que se esfuerza en hacer revivir lingüísticamente signos que no son lingüísticos", porque la novela "es relato no de palabras sino de acciones, e incluso cuando relata palabras, las relata en cuanto han adquirido una función de acción".

En el ensayo más extenso del libro, "Achille Campanile: lo cómico como extrañamiento", el semiólogo italiano realiza una fenomenología de los diversos mecanismos que provocan lo cómico y elige, para ello, pasajes de diversas obras de Achille Campanile, debido a su capacidad para dar con lo cómico en el texto -al presentar un suceso cómico en sí mismo de la manera apropiada para hacer reír-, avanzar hacia lo cómico del texto -al provocar la risa narrando un acontecimiento que en sí mismo no tiene nada de cómico, como la muerte- y culminar en la comicidad intertextual -donde los personajes de un texto se ríen de los protagonistas de otro y suscitan la complicidad del lector. Un rápido pero luminoso recorrido por las diferentes definiciones de lo cómico (en Aristóteles, Kant, Hegel, Pirandello, Freud) organiza desde la teoría la selección de fragmentos.

El volumen se completa con un breve texto, "Geografía imperfecta de Corto Maltés", en el que Eco hace gala de sus estrategias de lectura tomando como objeto la Balada del mar salado , de Hugo Pratt.

Una pregunta surge, tras disfrutar de los cuatro ensayos que componen Entre mentira e ironía . ¿Por qué ese título? Poco convincente resulta la justificación del autor: "Todos ellos tienen que ver con estrategias de mentira, desfiguración, abusos del lenguaje, vuelo irónico de esos abusos", porque, ¿hay textos que estén al margen de dichas estrategias? Digamos que lo que el volumen, en realidad, reúne, es un bello título con cuatro ejercicios de lectura exquisitos aunque sin demasiado aire de familia.

Gustavo Santiago

Beatriz Sarlo: Siete ensayos sobre Walter Benjamin

SIETE ENSAYOS SOBRE WALTER BENJAMIN
Por Beatriz Sarlo
(Fdo. de Cult. Econ.)
94 páginas

Publicada en Suplemento Cultura diario La Nación el Miércoles 31 de enero de 2001

Beatriz Sarlo es una de las pocas figuras del campo intelectual argentino que goza del extraño privilegio de ser tan reconocida por sus pares como por un público no especializado. En el ámbito universitario, se consideran de lectura obligatoria textos como Conceptos de sociología literaria, Literatura y sociedad -ambos escritos en colaboración con Carlos Altamirano-, La imaginación técnica, Una modernidad periférica: Buenos Aires 1920 y 1930, Borges, un escritor en las orillas o los artículos publicados en la revista Punto de vista, que ella misma fundó en 1978 y que dirige en la actualidad. Al mismo tiempo, un mayor número de lectores la identifica con Escenas de la vida posmoderna y con los artículos periodísticos que habitualmente publica en los principales diarios y revistas del país.

Esta capacidad para moverse con eficacia en registros tan diferentes aparece plenamente desplegada en Siete ensayos sobre Walter Benjamin, libro que recoge textos breves escritos y en su mayoría publicados a lo largo de la década del 90. Porque, en lugar de caer en la facilidad de una exposición sistemática de la vida y obra del pensador alemán, Sarlo elige presentarlo a través de escenas breves y, como un fotógrafo que buscara la mejor toma, ella misma se sitúa de diferente manera ante Benjamin, alternando los roles de admiradora, especialista, colega o heredera.

En el prólogo, Sarlo relata su peregrinación a Port-Bou, la ciudad fronteriza entre Francia y España en que se suicidó Benjamin cuando huía de las fuerzas nazis. Como una simple devota, va en busca de rastros materiales que recuerden el paso de quien ha despertado su admiración. También en "La torpeza del destino", primer ensayo del libro, el tema es la muerte del crítico alemán. Sólo que ahora Sarlo se posiciona como intelectual e interpreta esa muerte como paradigma de la de todo aquel que, cercado por la fatalidad, decide tomar una última decisión que, no obstante, no lo pone a salvo de la tragedia. (Recordemos que Benjamin llega a Port-Bou con la idea de escapar hacia España y se encuentra allí con que la frontera ha sido clausurada. Ese mismo día, 26 de setiembre de 1940, se suicida en una pieza de hotel. Al día siguiente, la frontera es abierta nuevamente y todos sus compañeros de viaje logran atravesarla).

En los tres ensayos siguientes, "El taller de la escritura", "Verdad en los detalles" y "El crítico literario", si bien se mantiene cierto grado de intimidad con Benjamin y, entonces, aparecen menciones a costumbres privadas, obsesiones, preferencias (como su pasión por las calcomanías cuando era niño, su carácter conversador al que acompañaba sin embargo con una especie de "vocación por el secreto y el ocultamiento", su afición por las colecciones más diversas), Sarlo se ubica en el lugar de la especialista. Así, expone sintéticamente algunos conceptos centrales del pensamiento de Benjamin -como el de "iluminación profana"- y procura reconstruir un "método Benjamin" basado en su particular manejo de las citas, en la "mirada microscópica" que le permite captar la verdad en los detalles y en la habilidad para contrastar imágenes y fragmentos para recuperar el momento de verdad contenido en ellos.

"Postbenjaminiana" es un texto en el que Sarlo, asumiendo el rol de fiel discípula, intenta "pensar con Benjamin", tomando objetos propios de análisis (el shopping-mall, el film y el clip, el zapping, el jazz, el museum-shop), que aborda desde el eco suscitado por una relectura de "La reproducción técnica". El lector podrá reconocer cierta familiaridad en el enfoque con Escenas de la vida posmoderna.

Finalmente, en "Lectores: comentaristas y partidarios" y "Olvidar a Benjamin", los ensayos con los que concluye el libro, Sarlo hace gala de una celosa autoridad propia de todo erudito y reacciona con dureza ante ciertos usos inapropiados, abusivos, de los conceptos benjaminianos que considera que han conducido a una banalización de su pensamiento al convertirlo en una suerte de moda.

Siete ensayos sobre Walter Benjamin no sólo es un texto imprescindible para aproximarse a uno de los intelectuales de mayor presencia en el análisis cultural y literario contemporáneo. Es, fundamentalmente, una acabada muestra de las cumbres a las que puede aspirar el ensayo cuando la inteligencia y la solidez conceptual se unen al talento narrativo.

Gustavo Santiago

jueves, 25 de enero de 2001

Kristeva y Arendt

Primer volumen de un gran proyecto

EL GENIO FEMENINO 1.HANNAH ARENDT

Por Julia Kristeva
Paidós-Trad.:Jorge Piatigorsky-288 páginas
Publicado en el Suplemento Cultura diario La Nación el Miércoles 24 de enero de 2001

Hannah Arendt es objeto de un luminoso análisis de J. Kristeva

El genio femenino es el nombre que Julia Kristeva ha dado a un ambicioso proyecto exploratorio del pensamiento sobre tres cuestiones centrales de la humanidad -la vida, la locura y las palabras- que la ensayista y psicoanalista búlgaro-francesa encuentra ejemplarmente representadas por la filósofa Hannah Arendt, la psicoanalista Melanie Klein y la escritora Colette, respectivamente. A cada uno de esos "genios femeninos" ha dedicado un volumen, el primero de los cuales acaba de ser publicado en español.

El interés de la autora por retomar en nuestros días, redefiniéndolo, este concepto renacentista estriba en que, según ella, "el genio es una invención terapéutica que nos impide morir de igualdad en un mundo sin más allá". Para forjar un genio se requiere, por un lado, una vida excepcional -pero no al punto de resultar inhumana- y, por otro, una pluma capaz de convertir esa vida en un relato. La función de estos genios es alentarnos a desarrollar las "cualidades por cierto excepcionales, pero de las que también estamos dotados la mayor parte de nosotros".

¿Por qué hablar de un genio femenino? Porque Kristeva ve, en algunas características femeninas, signos auspiciosos para el porvenir. Estas características, presentes de manera emblemática en sus genios, estarían extendiéndose cada vez más, lo que le permite a Kristeva vaticinar que "el próximo siglo va a ser femenino".

No siempre las expectativas abiertas por grandes proyectos de investigación se corresponden con los productos que surgen de ellos. Esta primera entrega del plan de Kristeva, dedicada a Hannah Arendt, sin dudas consigue satisfacerlas. Porque, a la fina lectura que la autora realiza de los textos de Arendt, a la claridad con que expone sus tesis principales -como la banalidad del mal y el carácter igualmente totalitario del nazismo y el comunismo-, y a la pertinencia de sus observaciones críticas -en su mayor parte provenientes de una matriz psicoanalítica-, se agrega la maestría con que logra conjugar obra y vida, texto y contexto. Esto hace que el genio de Arendt aparezca ante el lector no como un espíritu sino como un ser humano; específicamente, como una mujer.

Así, por ejemplo, al abordar la relación Arendt-Heidegger -que rastrea en cartas, en textos publicados y en otros inéditos-, Kristeva pone en evidencia una "fidelidad infiel" de la discípula hacia el maestro, de la amante para con el amado, de la judía con el nacionalsocialista. Fidelidad porque, aun en los momentos más duros, la imagen de Heidegger como hombre y como filósofo siguió deslumbrándola y la llevó a asumir su defensa contra toda conveniencia. Infidelidad, porque su veneración no le impidió ser crítica, dura y llegar, según Kristeva, a corregirlo en lo intelectual, en lo político e, incluso, en lo amoroso.

Tras haber disfrutado de este volumen sobre Hannah Arendt, sólo queda esperar que los textos sobre Melanie Klein y Colette estén a su altura.

Gustavo Santiago
Para LA NACION

jueves, 4 de enero de 2001

Philippe Breton: La utopía de la comunicación

(Publicado en Suplemento Cultura, diario La Nación, el Miércoles 3 de enero de 2001)

Pocos conceptos gozan en la actualidad de una valoración tan positiva como la que acompaña a la comunicación. Parece no haber conflicto -político, familiar, laboral, escolar, etc.- que no pueda solucionarse mediante un incremento de prácticas comunicativas. ¿A qué obedece esta valoración? ¿Qué consecuencias puede tener el hecho de colocar a la comunicación en el lugar de una utopía social? Estos son los principales interrogantes que en La utopía de la comunicación . El mito de la aldea global plantea Philippe Breton, sociólogo francés, autor de numerosos artículos y libros sobre informática y comunicación, entre los que se destacan Historia de la informática , La explosión de la comunicación y La tribu informática .

A través de una suerte de arqueología de la comunicación, Breton se remonta hasta mediados del siglo xx, en plena Segunda Guerra Mundial. En ese momento, un matemático norteamericano, Norbert Wiener -considerado el padre de la cibernética- ideaba una "sociedad comunicativa" a partir de la concepción del hombre como un ser sin interior (definible exclusivamente por su capacidad para intercambiar información conectándose a vastos sistemas de comunicación) y de la sociedad como una "unidad constituida por el conjunto de las informaciones que circulan en un espacio dado".

Pero, si bien Wiener le proporcionó el sustento teórico, lo que verdaderamente contribuyó a elevar la comunicación al rango de ideal utópico fue la puesta a la luz de las atrocidades cometidas durante la Segunda Guerra. El absoluto secreto que amparó esas prácticas siniestras provocó, una vez finalizada la contienda, que la sociedad se volcara al polo opuesto, colocando como su máxima aspiración la construcción de un modelo transparente, sin secretos, donde la información circulara libremente. Incluso la ciencia, que había sido cuestionada por su compromiso bélico, logró limpiar en parte su imagen gracias al desarrollo de la tecnología comunicativa, cuyo caballo de Troya fue la computadora.

Una aparente paradoja inquieta a Breton: "la nueva utopía postula un progreso sin exclusión. Pero sus intentos de aplicación parecen generar exactamente lo contrario [...] la comunicación, que surgió como respuesta a la barbarie, vuelve a arrojarnos a ella". ¿Cómo se comprende esto?

Para el sociólogo, esta consecuencia se encontrabaimplícita en el origen mismo del proyecto. Porque el hombre transparente, exclusivamente racional, para el cual los otros -como él mismo- no son más que terminales de una red de información, al liquidar su riqueza interior liquidó también sus valores. Eso lo ha llevado a desarrollar una "relación que se vuelve fóbica ante la presencia física del otro y estrechamente dependiente de su presencia virtual".

Por otra parte, la idealización de una sociedad en la que reinara la armonía merced a una hipercomunicación racional ha dejado poco lugar -según el autor- para la construcción de caminos intermedios, pero eficaces, que contribuyan a dirimir los conflictos. El mayor peligro no está, entonces, en el uso que se haga de la tecnología de la comunicación sino en la concepción del hombre y de la sociedad que subyace a esa tecnología.

Escrito con el tono pedagógico y el lenguaje despojado de tecnicismos propio de las buenas obras de divulgación, pero con una solidez argumentativa poco usual, La utopía de la comunicación es un libro ideal para descubrir la cara oscura de la sociedad transparente.

Gustavo Santiago