domingo, 26 de mayo de 2002

Leiser Madanes: El árbitro arbitrario

Publicado en Suplemento Cultura, diario La Nación, el Miércoles 22 de mayo de 2002

En el año 1670 Baruch de Spinoza publica, anónimamente, su Tratado teológico político en el que plantea una abierta defensa de la libertad de expresión y de la tolerancia religiosa. Una interpretación sostenida prácticamente desde el momento mismo de la aparición del Tratado... señala que Spinoza -que tempranamente es reconocido como el autor del texto- lo habría escrito tomando como premisas algunos conceptos de Hobbes para extraer de ellos conclusiones diferentes -e incluso, opuestas- a las del filósofo inglés. La filosofía política de Spinoza logra ser reconocida entonces como defensora de la tolerancia mientras que Hobbes resulta condenado a cargar sobre sí con la calificación de autoritario, interpretación que puede encontrar sustento en sus propios textos pero que se acentúa mucho más al confrontarlos con los de Spinoza. No es de extrañar, entonces, que aún en nuestros días, Spinoza sea presentado como un filósofo democrático, al tiempo que a Hobbes se lo considera como un pensador peligroso -de hecho, se lo ha sindicado como precursor de las políticas totalitarias del siglo XX.

Profundo conocedor del pensamiento de ambos filósofos, Leiser Madanes, profesor de Historia de la Filosofía Moderna de la UBA e investigador del Conicet, observó ciertas incoherencias en la interpretación tradicional que lo hicieron dudar de ella. Particularmente sospechoso le resultó el hecho de que Spinoza, siendo un hobbesiano fiel en tantos aspectos, hubiera escrito el Tratado... para refutar a Hobbes. ¿Por qué no pensar que lo que hizo fue, en realidad, explicitar elementos que estaban presentes en la obra del maestro, sólo que de un modo disperso? El examen de esa posibilidad dio lugar a El árbitro arbitrario. Hobbes, Spinoza y la libertad de expresión .

Uno de los conceptos en que Madanes centra su atención es el de arbitrariedad. Es sabido que el soberano de Hobbes tiene como una característica central la de ser arbitrario; pero, ¿cuál es el significado que ese término posee en su obra? Los principales comentaristas han señalado a la arbitrariedad como la facultad que le permite al soberano estipular a su antojo, por ejemplo, qué es falso y qué es verdadero. Tomando como referencia pasajes de diversos textos de Hobbes, Madanes muestra que ése no es el sentido -o por lo menos no el único- que el autor de Leviatán otorga al término y sugiere, para interpretarlo correctamente, tener presente la consideración que Hobbes hace del soberano como árbitro: el soberano no debe ser, para Hobbes, un rey sabio, al estilo del rey-filósofo postulado por Platón, sino un árbitro cuyas decisiones se asienten no en una supuesta sabiduría, sino en el poder absoluto con que los ciudadanos lo han investido a través del pacto. Si el soberano consigue consolidar la paz entre sus súbditos -y éste es el objetivo central que persigue Hobbes-, lo hace no por dictaminar qué es verdadero y qué es falso, sino por tener el poder suficiente para establecer qué está permitido y qué está prohibido.

Al desarrollar el tema de la libertad de expresión, Madanes se aparta también de la interpretación tradicional que hace de Hobbes un defensor incondicional de la censura, y muestra que ésta es considerada legítima sólo en los casos en que la paz resulta amenazada: "la consigna de Hobbes -sostiene el autor- es que la soberanía sea lo suficientemente fuerte como para que nadie se atreva a alzarse en armas a fin de defender o introducir una opinión. Este es el criterio explícito que propone Hobbes. Si se cumple, puede permitirse una casi irrestricta libertad de expresión. En la medida en que no se cumpla, el soberano se verá obligado a restringir esta libertad a fin de garantizar la paz pública".

A quien conozca el Tratado teológico político de Spinoza, estos desarrollos le resultarán muy familiares. Es que, tras el análisis de Madanes, la semejanza de los planteos de Hobbes y Spinoza se torna muy visible; su tesis de que el Tratado se sustenta más de lo que ha sido puesto de manifiesto por los comentadores en el hobbesianismo de su autor resulta poco menos que evidente.

Pero, más allá de la cuestión de si efectivamente Spinoza siguió a Hobbes o si, al querer refutarlo partiendo de sus propios supuestos, reprodujo -sin advertirlo- planteos que ya se encontraban en textos hobbesianos, lo que está en juego en El árbitro arbitrario es la actualidad de ambos pensadores, fundamentalmente la de Hobbes. Porque al equiparar los argumentos de uno y otro en temas tan relevantes para la vida política contemporánea como son los de la tolerancia y la libertad de expresión, Madanes consigue liberar a Hobbes del acecho del totalitarismo, aproximándolo a quien en estos días aparece como uno de los principales abastecedores de ideas para enriquecer el pensamiento político.

Gustavo Santiago