martes, 21 de enero de 2003

Hannah Arendt: La vida del espíritu y Tiempos presentes

LA VIDA DEL ESPIRITU
Por Hannah Arendt
(Paidós)-Trad.: Carmen Corrales y Fina Birulés-480 páginas

TIEMPOS PRESENTES
Por Hannah Arendt
(Gedisa)-Trad.: R. S. Carbó-224 páginas

Publicado en el Suplemento Cultura diario La Nación el Domingo 5 de enero de 2003

Hannah Arendt ha sido, indudablemente, una de las principales figuras de la filosofía política del siglo XX. Por ello, la publicación en español de La vida del espíritu , texto en el que estaba trabajando en el momento de su muerte, y de Tiempos presentes , una selección de artículos periodísticos publicados entre 1943 y 1975, es un acontecimiento digno de celebración. En particular, por el hecho de que ambos representan acabadamente dos facetas de la producción de Arendt: la "filosófica" -tal como ella la denominaba- y la política.

Arendt señaló, en diversas oportunidades, que prefería ser reconocida no como filósofa sino como teórica de la política o, incluso, como periodista política. En La vida del espíritu sostiene: "no pretendo ni ambiciono ser un `filósofo´, ni contabilizarme entre los que Kant llamó, con ironía, pensadores profesionales".

Sin embargo, si examinamos su biografía todo parece indicar que la opción por la política fue, en rigor, una imposición de las circunstancias. Alumna brillante -y también amante- de Heidegger desde que en 1924 asistió a sus cursos; discípula de Jaspers, quien dirigió su tesis doctoral sobre "El concepto de amor en San Agustín" (1928), nada parecía conducir a la joven filósofa a interesarse por lo político. Como bien señala Marie Luise Knott en el Epílogo de Tiempos presentes , "Fueron los nacionalsocialistas los que empujaron a la filósofa y judía a la política". En 1933, tras ser detenida, huyó a Francia donde dirigió la oficina en París de la Aliyah de la Juventud, que se dedicaba a rescatar del nacionalsocialismo a niños judíos. En 1940 fue internada en un campo de mujeres del que logró escapar para instalarse, definitivamente, en Estados Unidos en 1941. A partir de entonces, su compromiso con la política fue derivando paulatinamente de la participación directa a la intervención desde el lugar de la intelectual. Esto de ningún modo significa que Arendt haya optado por una posición más cómoda. Sus textos siempre se caracterizaron, más bien, por despertar una irritación generalizada, con lo cual sus enemigos se multiplicaron.

Esta situación llegó a un punto máximo cuando, en ocasión del juicio a Eichmann, pidió al New Yorker que la enviara como corresponsal. Allí, cuando lo esperable era que se sumara a la condena pública -y fácil- a quien había sido uno de los máximos representantes del nazismo, sorprendió a adeptos y adversarios con su tesis de la "banalidad del mal". "Lo que me impresionó del acusado -recuerda Arendt en La vida del espíritu - era su manifiesta superficialidad [...]. Los actos fueron monstruosos, pero el agente -al menos el responsable que estaba siendo juzgado en aquel momento- era totalmente corriente, común, ni demoníaco ni monstruoso."

La vida del espíritu responde, según la propia Arendt, a dos motivaciones. Por un lado, pretende ser una exploración más conceptual -al modo de una "filósofa" y no de una teórica de la política- de aquello que la había conmovido en el juicio a Eichmann, cuya "única característica destacable [...] no era estupidez, sino incapacidad para pensar". Arendt considera que detenerse en los componentes de la vida del espíritu (el pensamiento, la voluntad y el juicio) podría permitirle explicar, en alguna medida, la cuestión. Por otro, el texto viene a completar el trabajo iniciado con La condición humana . Allí había tematizado las tres formas de la vita activa: labor, trabajo, acción; restaba, entonces, abordar aquel tipo de vida al que desde siempre se había opuesto: la vita contemplativa.

La muerte sorprendió a Arendt en pleno trabajo. Según Mary Mc Carthy -quien se encargó de preparar la edición del texto- el jueves anterior a su muerte Arendt había dado por concluida la Segunda Parte del texto, "La Voluntad"; entre ese día y el sábado fatal llegó a escribir en una hoja -hallada en su máquina de escribir- el encabezamiento de la parte siguiente: "El Juicio" y dos epígrafes. Al editar el texto, Mc Carthy decidió completar, en parte, aquello que la muerte había interrumpido y, para ello, añadió un breve apéndice al texto terminado con extractos de clases dictadas por Arendt en las que aborda el tema del juicio a partir de un análisis de Kant.

En La vida del espíritu nos encontramos con la prosa elegante, paciente, seductora, de una pensadora que transmite el placer de la lectura de los clásicos y que sorprende con hipótesis novedosas allí donde parecía imposible hallarlas. Tiempos presentes , en cambio, impacta por la mordacidad de sus frases, por la contundencia de algunas tomas de posición, por la frontalidad con la que se realizan los planteos. Se trata de ocho artículos periodísticos publicados entre 1943 y 1975, siete de ellos en Estados Unidos y uno en la Argentina. En ellos Arendt se involucra en discusiones acerca de temas como la segregación racial, la situación de los refugiados alemanes en Estados Unidos, la guerra de Vietnam, el "problema alemán" o la desobediencia civil. En ninguno de estos casos parece estar dispuesta a sostener lo que la corrección política sugeriría.

Hay un texto de Kafka que, curiosamente, aparece citado en los dos libros y que permite encontrar un punto de articulación entre la filósofa y la teórica política. Se trata de un texto en el que un hombre lucha simultáneamente con dos adversarios, uno ubicado detrás de él y otro delante. El hombre tiene un sueño: elevarse por encima de los contendientes y transformarse en su árbitro.

En Tiempos presentes la cita corre por cuenta de Marie Luise Knott quien, en el Epílogo del texto, la emplea para ilustrar la lucha librada por la propia Arendt. El enemigo de la retaguardia representa al totalitarismo que desde el pasado pretende infundir terror, el enemigo delantero es el futuro, ése que en los años 50 se anunciaba como oscuro y terrible. En el centro, Arendt lucha por encontrar una salida tanto del horror del pasado como del que se quiere proyectar desde el futuro. En La vida del espíritu , la cita la incluye Arendt y aparece como culminación de la Primera Parte, en el capítulo titulado "¿Dónde estamos cuando pensamos?". La filósofa interpreta el relato de Kafka como "el viejo sueño de la metafísica occidental, de Parménides a Hegel, de una región atemporal, de una eterna presencia en completa calma [...], la región del pensamiento". Contra ese sueño metafísico Arendt va a sostener que no es necesario (ni posible) evadirse del tiempo. Su alternativa es "encontrar la calma y la inmovilidad que precisa el pensamiento" situándose en el presente. Es el presente lo que nos permite distanciarnos del pasado y del futuro para abrir una senda de "no-tiempo" a través del pensamiento.

El presente, entonces, como tiempo privilegiado para el pensar del filósofo. El presente, también, como el trágico enigma que el teórico político tiene que contribuir a dilucidar. Tal es la lucha en la que Arendt supo empeñarse tanto con sus palabras como con su vida.

Gustavo Santiago