viernes, 21 de marzo de 2003

Edgardo Gutierrez: Borges y los senderos de la filosofía

BORGES Y LOS SENDEROS DE LA FILOSOFIA
Por Edgardo Gutiérrez
(Altamira)-144 páginas

Publicada en Suplemento Cultura diario La Nación el Domingo 2 de marzo de 2003

La presencia de la filosofía en la obra de Borges es tan evidente como problemática. Pocos autores lograron, como él, hacer de nociones tan alejadas de lo sensible como el infinito, la identidad, el azar o el tiempo los auténticos protagonistas de un relato. Pensadores de corrientes muy diversas, como Foucault, Zizek, Rorty o Cioran se encargaron de destacar el valor filosófico de los textos borgeanos. Ahora bien, ¿puede considerarse al autor de El Aleph como filósofo?

Edgardo Gutiérrez, docente e investigador en la Facultad de Filosofía y Letras (UBA), se suma a la vasta serie de intelectuales -encabezada por el propio Borges- que han intentado esclarecer estas cuestiones. En palabras de Gutiérrez, su objetivo ha sido "desarrollar una indagación sobre los textos de Borges desde la filosofía; o sobre la filosofía desde los textos de Borges".

En los nueve capítulos que componen el libro hay una serie de procedimientos que se reiteran. En primer lugar se presenta un texto -en su mayor parte cuentos, aunque hay extensas alusiones a ensayos- y se determina el tema del análisis; en segundo lugar se sintetizan posturas de algunos críticos que aportan elementos significativos para interpretarlo (entre otros, Jaime Rest, Beatriz Sarlo, Ana María Barrenechea, Juan Nuño, Carla Cordua o Andrea Cucatto); finalmente, se establecen relaciones entre el texto en cuestión y algunos filósofos.

Así, por ejemplo, para trabajar sobre "Pierre Menard, autor del Quijote", se apoya en los análisis realizados por De Diego y Cucatto y relaciona el texto con las filosofías de Heidegger, Gadamer y Derrida; para "La lotería de Babilonia", sigue a Barrenechea y Sarlo, pero agrega a Deleuze, Heráclito y Nietzsche; al referirse a "El jardín de los senderos que se bifurcan"y "El inmortal", el intérprete de referencia es Nuño y los filósofos considerados son Leibniz, Demócrito, Cicerón, Blanqui y autores ligados a la mecánica cuántica como Everet, De Witt y Gribbin.

Merece una mención especial el capítulo dedicado a explorar las relaciones entre Borges y Macedonio Fernández. Allí el autor pasa revista a las tesis unidireccionales de dependencia que representarían Noé Jitrik (Macedonio deudor de Borges) y Juan Martini ("tal vez suceda que Borges es un invento menor de Macedonio"), y sugiere, siguiendo al propio Borges, un paralelismo entre Sócrates/Platón y Macedonio/Borges.

Un gran acierto del libro es que consigue ubicarse en la escabrosa frontera entre el texto académico y el ensayo de divulgación. Si bien Gutiérrez exhibe un conocimiento muy sólido tanto del inmenso aparato crítico que rodea a Borges como de autores muy diversos de la tradición filosófica occidental, su erudición no afecta la dinámica del texto ni se transforma en un obstáculo para un lector no especializado, ya que presenta a los filósofos que menciona a partir de una brevísima pero suficiente síntesis de su pensamiento, lo cual permite comprender con claridad el vínculo establecido.

Quizá el único punto débil del libro se encuentre en el abuso de la imagen del Borges ironista o parodiador. "Fue porque Borges ironizó sobre la filosofía europea -sostiene Gutiérrez-, porque se rió de ella, que filósofos europeos como Derrida, Foucault o Deleuze comenzaron a leerlo con interés filosófico, además de literario." El autor parece no considerar suficientemente que el interés despertado por Borges en aquellos lectores y en otros aficionados a la filosofía puede estar ligado a otros elementos como la presentación literariamente eficaz de problemas metafísicos, éticos o lógicos.

Gustavo Santiago