domingo, 21 de marzo de 2004

Pierre Bourdieu y Jean-Claude Passeron: Los herederos

Publicada en Suplemento Cultura diario La Nación el Domingo 14 de marzo de 2004


LOS HEREDEROS
Por Pierre Bourdieu y Jean-Claude Passeron
Trad.: Marcos Mayer-(Siglo XXI)-216 páginas


¿Puede la sociología brindar explicaciones acerca del fracaso masivo de los ingresantes a la universidad? Sí, puede. Así lo demostraron Pierre Bourdieu y Jean-Claude Passeron con Los herederos, un libro que a mediados de los años sesenta obligó a un profundo debate acerca de la educación superior en Francia. Respaldados en una sólida investigación, en un texto acompañado por contundentes estadísticas, los sociólogos se atrevieron a decir en un crudo lenguaje aquello que muchos no querían oír: "Los estudiantes sólo son iguales formalmente a la hora de la adquisición de la cultura académica"; "de todos los factores de diferenciación, el origen social es sin duda el que ejerce mayor influencia sobre el medio estudiantil".

La tesis central del texto es que la universidad "elige a los elegidos de la sociedad". Según los investigadores, las mayores dificultades que tienen los estudiantes provenientes de las clases media y baja al ingresar al nivel superior se concentran no en el escaso manejo de conceptos ligados a la carrera por la cual optan --los de clases altas tampoco poseen un gran bagaje conceptual-- sino en la falta de hábitos y actitudes necesarios directa e indirectamente para la vida universitaria. Se trata de "diferencias de actitud y de aptitudes significativamente vinculadas al origen social". Hay un "saber-hacer" que un sector minúsculo de la sociedad simplemente hereda mientras que un amplio sector sólo podría adquirirlo a costa de un ingente esfuerzo. "Los estudiantes más favorecidos --insisten los autores-- no deben sólo a su medio de origen hábitos, entrenamientos y actitudes que les sirven directamente en sus tareas académicas; heredan también saberes y un saber-hacer, gustos y un ?buen gusto´ cuya rentabilidad académica, aun siendo indirecta, no por eso resulta menos evidente".

Y no es sólo una cuestión económica. Un sistema de becas que favoreciera a hijos de obreros o un alto presupuesto educativo no garantizarían un cambio significativo. La trama sociocultural no se reorienta solamente con dinero.

Esto no implica, como los detractores de Bourdieu y Passeron se apresuraron a señalar, que el planteo del libro auspicie un cierto determinismo social que sostendría como una "ley natural" que los alumnos provenientes de clases desfavorecidas no pueden permanecer en la universidad. Los autores no cargan toda la responsabilidad del fracaso estudiantil en el marco socioeconómico ni naturalizan las diferencias socioculturales. Por el contrario, su trabajo pretende sacar a la luz aquellos procesos que operan subrepticiamente pero con enorme fuerza y que, si no son enfrentados con igual decisión desde la política y la sociedad, amenazan con transformar cualquier reforma de planes de estudio o cualquier variación en asignaciones de recursos en meros efectos de superficie.

No conformes con realizar un diagnóstico de la situación y con explicar cuáles son las principales causas que la provocan, los sociólogos proponen una línea de trabajo para revertirla. Los autores proponen delinear una "pedagogía racional que se lleve a la práctica para neutralizar metódica y continuamente, desde el jardín de infantes hasta la universidad, la acción de factores sociales de desigualdad cultural". Los docentes deberán contar con las estrategias pertinentes para brindar a los alumnos más desfavorecidos las herramientas que aquellos que provienen de clases altas reciben como herencia. La educación tradicional, al no tener en cuenta estas diferencias, trabaja con consignas y estrategias vagas, abiertas, que presuponen como "obvios" --y efectivamente lo son para "los elegidos"-- muchos saberes que no pueden manejar los que no los poseen, aunque pongan su mejor voluntad. Por oposición a ella, la "pedagogía racional" se orientaría a facilitar los medios para "favorecer a los desfavorecidos" de modo que logren adquirir las competencias específicas y generales que el trabajo intelectual requiere.

A priori se podría pensar que un texto escrito en 1964 sobre las universidades francesas poco tiene que decir de nuestra actualidad académica. Bastan dos páginas del libro para advertir en esa suposición un enorme error. Por la solidez y claridad del planteo, por la puesta en evidencia de factores que habitualmente son soslayados al abordar la problemática educativa, Los herederos es un libro que puede calificarse como "imprescindible".

Gustavo Santiago

lunes, 1 de marzo de 2004

Cornelius Castoriadis: Sobre El poltítico de Platón

SOBRE EL POLITICO DE PLATON
Por Cornelius Castoriadis
(Fdo. Cultura Económica
Trad.: H. Pons-187 páginas

Publicada en Suplemento Cultura diario La Nación el Domingo 29 de febrero de 2004

"No sabía que había escrito un nuevo libro", comentó asombrado Castoriadis cuando, en 1992, llegó a sus manos la primera versión de Sobre El Político de Platón. Se trataba, en realidad, de una desgrabación del curso que el filósofo dictó en 1986 en la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales, y en la que un grupo de discípulos había introducido mínimas modificaciones de edición. Revisado y anotado por Castoriadis, el texto adquirió la forma definitiva con la que se lo publicó después de su muerte.

En la última de las siete clases, Castoriadis explicita el objetivo central del curso: brindar un "ejemplo de lo que se denomina ?leer´ una obra filosófica. Pero leerla verdaderamente, respetándola y sin respetarla, hurgando en los recovecos y los detalles sin haber decidido de antemano que todo lo que contiene es coherente, homogéneo, tiene sentido y es cierto".

La lectura "respetuosa" implica un análisis minucioso de los pasajes principales del texto, sin perder de vista su estructura general; la "irrespetuosa" --en la que Castoriadis se interna menos de lo deseable-- requiere poner en tensión la palabra de Platón con sus propios conceptos.

El político es uno de los textos menos lineales de Platón. Castoriadis señala como sus momentos fundamentales: dos definiciones del político (como pastor y como tejedor); tres digresiones mayores (aquella en la que introduce el mito de Cronos, la que deriva en un análisis de los diversos regímenes de gobierno y la que plantea que la ciencia es la única base del político) y ocho digresiones menores, a las que denomina "incidentes". Al recorrer esos pasajes laberínticos se percibe el esfuerzo pedagógico de Castoriadis para que los alumnos adviertan los problemas planteados por Platón y los modos no siempre legítimos --reiteradamente lo acusa de sofista y retórico-- que utiliza para "resolverlos".

En relación con la estructura del texto, se insiste en dos cuestiones: en primer lugar, la idea de que las digresiones no son tales sino que constituyen el tema central. Es decir, el resto del diálogo acompañaría como un coro ese tema, que es presentado estilísticamente como si fuera secundario. "En cierto modo --sostiene Castoriadis--, el diálogo mismo es una digresión para las tres digresiones. Y las dos definiciones del político son un pretexto para hacerlas. Sobre todo las dos principales: el mito de Cronos y la tesis central de que sólo la ciencia define al político." En segundo lugar, Castoriadis sugiere una hipótesis acerca de la forma caótica del texto: "todo sucede como si, al dejar el diálogo en el estado en que se encuentra, Platón hubiese querido justamente proporcionar un ejemplo escrito del pensamiento vivo [...] Es como si nos dijera: así funciona la cosa cuando funciona; así se piensa". Las constantes vacilaciones, digresiones, contradicciones en que caen los interlocutores estarían dando cuenta del proceso de pensamiento de Platón.

En cuanto a la "discusión" de Castoriadis con Platón, lo más relevante aparece cerca del final del curso, cuando el autor, después del arduo recorrido, se atreve a plantear que "la consecuencia del texto platónico es evidente: la autoinstitución democrática permanente de la sociedad". Para quien frecuente los textos de Castoriadis, la noción de "autoinstitución democrática" resultará familiar, ya que en ella insistió durante casi medio siglo. La sorpresa radica en descubrir que un antecedente directo de dicha noción se encuentra en Platón.

En definitiva, Sobre El político de Platón es muy recomendable como aproximación crítica al texto platónico (que conviene tener a la vista mientras se lee a Castoriadis) y, como ha reconocido su autor, como ejemplo de lectura filosófica. Quien pretenda acercarse a un Castoriadis más filósofo que docente, recorrerá con mayor provecho alguno de los volúmenes de su serie Las encrucijadas del laberinto o su obra magna, La institución imaginaria de la sociedad.

Gustavo Santiago