lunes, 6 de diciembre de 2004

Dos buenos libros sobre Gilles Deleuze

GILLES DELEUZE. CINE Y FILOSOFIA
Por Paola Marrati
(Nueva visión)-Trad.: EmilioBernini-112 páginas

DELEUZE. UNA FILOSOFIA DEL ACONTECIMIENTO
Por François Zourabichvili-(Amorrortu)-Trad.: Irene Agoff-168 páginas

Publicada en Suplemento Cultura diario La Nación el Domingo 5 de diciembre de 2004

Es conocido el poco aprecio que Gilles Deleuze sentía por los críticos y comentaristas: "es el resentimiento lo que anima a todos esos discutidores, a esos comunicadores", sostenía. ¿Cómo escribir, entonces, sobre Deleuze? Quizá un modo deleuzeano de hacerlo consista en tratarlo como él mismo trató a otros filósofos. No comentarlo, no criticarlo, no pretender "descifrarlo", sino utilizarlo para cocrear. Es que, según Deleuze, cuando un filósofo escribe sobre otro, en realidad está escribiendo "con" ese otro. No pretende reproducir lo que ese filósofo dijo, sino utilizarlo para hacerle decir algo propio, algo nuevo; para crear conceptos a través de él.

Dos libros sobre Deleuze acaban de ser publicados en español: Gilles Deleuze. Cine y filosofía, de Paola Marrati, y Deleuze. Una filosofía del acontecimiento, de François Zourabichvili. En los términos antes presentados, podría afirmarse que no se trata de textos "deleuzeanos", ya que se empeñan más en captar y transmitir una "esencia-Deleuze" que en crear con él. Sin embargo, ambos pueden cumplir con la labor de "intercesores" que Deleuze consideraba fundamental para la filosofía.

En 1983 y 1985 Deleuze publicó en dos tomos, titulados La imagen movimiento y La imagen tiempo, un fascinante trabajo sobre cine en el que tematiza más de setecientas películas. El libro de Marrati es una prolija síntesis de lo desplegado por Deleuze en esos volúmenes.

El primer concepto en el que se detiene la autora es el de "imagen-movimiento". Parafraseando a Deleuze, Marrati afirma que "las primeras imágenes producidas por el cine no son diferentes en naturaleza de lo que se puede ver, por ejemplo, en el teatro. Se trata de lo que Deleuze llama "imágenes en movimiento" y no aún "imágenes-movimiento". ¿Cuándo se produce la aparición de estas últimas? Cuando se introducen el montaje y la cámara móvil: "allí donde las imágenes en movimiento hacen ver desplazamientos de objetos móviles en un espacio fijo, las imágenes-movimiento mueven los espacios y liberan una movilidad pura". Por su parte, la "imagen-tiempo" surge en el cine -sostiene Marrati, fiel a Deleuze- cuando se produce un quiebre en la experiencia a causa de la guerra; en ella "la potencia del cine como arte de masas ha mostrado un rostro siniestro, arma de propaganda al servicio de los peores poderes". El ciudadano, de Orson Welles, es el primer film en el que se tiene una experiencia del tiempo puro. Allí, afirma Marrati: "la sucesión de los campos y contracampos describe las costumbres de Kane, los ‘tiempos muertos’ de su vida, mientras que los planos en profundidad marcan los momentos donde la vida de Kane oscila. La imagen opera entonces, según Deleuze, un verdadero salto en el pasado como tal".

Efectiva en su síntesis, respetuosa hasta el exceso de los textos de Deleuze, Marrati debe, en concesión a la brevedad de su trabajo, atentar contra uno de los atractivos mayores de esos textos: el contacto con los filmes. De las más de setecientas referencias de Deleuze, en el libro de Marrati se pueden encontrar menos de una veintena. Como contrapartida, la autora se detiene suficientemente en la explicación de Bergson, fundamental para acceder a los conceptos centrales de Deleuze.

Deleuze. Una filosofía del acontecimiento es, en algún sentido, un libro más arriesgado que el de Marrati. Su autor, el filósofo François Zourabichvili, no se refugia en el confortable recurso a la síntesis sino que intenta organizar, mediante la defensa de una hipótesis, un recorrido a lo largo de toda la obra de Deleuze. Según el autor, es posible encontrar "en la articulación del ‘afuera’ (heterogeneidad, exterioridad de las relaciones) y de la ‘implicación’ (pliegue, envolvimiento-desarrollo, complicación virtual), el motor abstracto del pensamiento deleuziano". Es a partir de esa articulación que Zourabichvili propone adentrarse en la noción de acontecimiento, a la que considera "el tema principal" de la obra de Deleuze.

Ahora bien, para avanzar en la defensa de su hipótesis, el autor elige el procedimiento siempre persuasivo de ocultar la propia voz tras una cantidad abundante de citas. Claro que, tratándose de Deleuze, ésta no parece ser la mejor opción. Por un lado, pocos filósofos han insistido tanto como él en lo falaz de recurrir al aval de un nombre propio. Por otra parte, cualquiera que haya leído a Deleuze advierte que el uso que éste hace de algunos términos en sus primeros libros poco tiene que ver con el que hace en los posteriores. El Deleuze que Zourabichvili parece presuponer, en cambio, es un Deleuze homogéneo, idéntico a lo largo de sus cuarenta años de producción.

De ahí que lo más interesante del texto no se encuentre en su hilo conductor, sino en los numerosos pasajes en los que, con eficacia pedagógica, Zourabichvili se demora en un despliegue de ciertos conceptos clave de Deleuze como "devenir", "multiplicidad", "singularidad", "verdad", acotándose a algún texto en particular; o en los que expone esos conceptos de modo conciso, casi aforístico, como cuando sostiene que: ‘una vida’ para Deleuze es una condensación o una complicación de épocas en un solo y mismo Acontecimiento, un sistema acentrado de ecos o de correspondencias no causales"; o que "el tiempo es la diferencia de las diferencias".

Deleuze ha sugerido considerar a los libros como máquinas en relación con las cuales el lector tiene un único problema: lograr que funcionen. Para afrontarlo puede ser útil, en ocasiones, recurrir a máquinas más pequeñas, menos intensas, que actúen como "conectores". Más allá de las diferencias de estilo y de objetivo, tanto Gilles Deleuze. Cine y filosofía como Deleuze. Una filosofía del acontecimiento pueden cumplir con la labor de posibilitar el acceso a la más potente, por cierto, "máquina Deleuze".

Gustavo Santiago