jueves, 26 de enero de 2006

Alexandre Kojève: La noción de Autoridad

Publicada en Suplemento Cultura, diario La Nación, el Domingo 8 de enero de 2006

Los objetivos de La noción de Autoridad no son en modo alguno modestos. En efecto, el libro se propone esclarecer "de modo definitivo" el problema de la esencia de la autoridad, sus posibles manifestaciones y sus modos de transmisión. Sorprendentemente, se trata de un trabajo escrito en Francia en los años 40 y rescatado para su publicación en francés en 2004, que acaba de aparecer traducido al castellano. Su autor es nada menos que Alexandre Kojève, aquel intelectual de origen ruso, reconocido como quien despertó el interés por la filosofía de Guillermo Federico Hegel en figuras de la talla de Georges Bataille, Maurice Merleau-Ponty, Jacques Lacan y Jean-Paul Sartre, entre otros.

El punto de partida de este estudio es una caracterización de la autoridad muy cercana a la que varias décadas después proporcionaría Michel Foucault sobre el poder: "la Autoridad es, en lo esencial, activa y no pasiva [...] la Autoridad es, pues, necesariamente una relación [...] sólo se tiene autoridad sobre lo que puede ?reaccionar´". Hay autoridad cuando quien obedece tiene la posibilidad de no hacerlo y renuncia a esa posibilidad.

Interesado en "establecer una lista de todos los fenómenos autoritarios", el pensador ruso despliega un análisis fenomenológico, del que resultan cuatro tipos "puros" de autoridad, que asocia con las teorías que considera más apropiadas para estudiarlos: 1) la del Jefe, que se sostiene en la posesión de un saber que le permite adelantarse al resto, prever, proyectar. Quien mejor ilustra este tipo de autoridad es, según Alexandre Kojève, Aristóteles; 2) la del Amo que, siendo capaz de asumir, en pos del reconocimiento, el riesgo de la acción (incluso, y en especial, cuando su vida está en juego), se impone sobre quien es esclavo de su instinto de conservación. Hegel es, sin duda, quien mejor expone esto; 3) la del Padre, ligada a la tradición, desarrollada de modo acabado por la filosofía escolástica; 4) la del Juez, sustentada en la honestidad e imparcialidad, cuya explicación nos ha legado Platón. Con estos cuatro tipos básicos construye Kojève sesenta y cuatro combinaciones que, según sostiene, constituyen la totalidad de tipos posibles de autoridad.

Luego emprende un análisis metafísico que lo lleva a afirmar que cada uno de los tipos presentados está íntimamente vinculado con un modo temporal. Así, la autoridad del Jefe, por ser la de quien prevé y proyecta, está asociada con el futuro; la del Padre, representante de la tradición, con el pasado; la del Amo, cuya acción transforma "lo que es", con el presente. Por fin, la autoridad del Juez se manifiesta en un modo especial de temporalidad: la eternidad.

Tras anunciar la importancia de realizar un análisis ontológico que complete la investigación y excusarse por no poder llevarlo a cabo en el texto, Kojève aborda algunos problemas puntuales ligados a la autoridad. Es allí donde surge una cuestión de indudable actualidad: la de la "división de poderes". ¿Es posible que los Poderes Ejecutivo y Legislativo sean realmente independientes?

Con el advenimiento del Estado moderno -manifiesta el autor- ha desaparecido del ámbito de lo político la autoridad del Padre. El carácter revolucionario de la modernidad resultó incompatible con una figura de autoridad que remite a la tradición, al pasado. Quedaron en pie, entonces, los otros tipos, que las democracias modernas asignaron a tres Poderes: al Poder Judicial correspondió el tipo Juez, al Poder Legislativo, el Jefe y, al Poder Ejecutivo, el Amo. Kojève se pregunta si esta separación declamada puede efectivamente darse en los hechos. Su respuesta es negativa.

La justificación que aporta es que "la legislación separada de la ejecución construye una ?Utopía´ sin vínculo con el Presente (es decir, con la realidad)" mientras que "el Poder ejecutivo ?separado´ degenera en simple ?administración´ o ?policía´". Para Alexandre Kojève, si se suprime la autoridad de tipo Padre, la división de poderes resulta, en realidad, bipartita: de un lado queda el Juez y del otro, el Jefe/Amo. Su propuesta -que enuncia pero no desarrolla en el texto- consiste en establecer una auténtica tripartición reintroduciendo la figura del Padre mediante un "Senado-censor de los ?representantes´ de los ?padres de familia´".

En síntesis, La noción de Autoridad es un texto de una enorme eficacia para motivar la reflexión acerca del concepto de autoridad pero que, no obstante, difícilmente logre persuadir al lector de haber alcanzado una visión definitiva que clausure toda inquietud sobre el tema. La minuciosidad con que es delineado el proyecto general de una investigación sobre la autoridad despierta la sospecha de que acaso tan preciosa estructura no tenga la solidez que su autor le atribuye (por ejemplo, surge la duda acerca de si los tipos de autoridad son estrictamente los sesenta y cuatro que Kojève presenta). El énfasis con que el autor sostiene algunas de sus tesis provoca de inmediato el deseo de objetarlo (¿es tan obvio, como a él le parece, que la relación Hombre/Mujer puede explicarse desde la figura Amo/Esclavo?). En fin, el carácter incompleto del propio texto mueve a aportar aquello que el autor sólo deja planteado.

Gustavo Santiago