miércoles, 21 de junio de 2006

Cornelius Castoriadis: Una sociedad a la deriva

Publicada en Suplemento Cultura diario La Nación el 18/06/06

Una sociedad a la deriva
Por Cornelius Castoriadis
(Trad. Sandra Garzonio)
Katz Editores
(352 páginas)

Psicoanalista, filósofo, político, economista, Cornelius Castoriadis (1922 – 1997) fue, ante todo, un hombre lúcido, inquieto e incisivo. Sus textos y sus acciones lo mostraron siempre comprometido con las luchas sociales, aunque desde una posición autónoma, lejos de los grandes aparatos políticos o de las modas intelectuales. Esto quizá explique por qué, aún siendo un promotor fundamental de los debates del pensamiento francés en el último medio siglo, su nombre haya permanecido en una posición marginal en relación con los de otras figuras.
El ingreso de Castoriadis a la Argentina fue lento y desordenado. Sus textos comenzaron a circular con cierta fluidez recién a mediados de los 90 (más allá de algunos esfuerzos anteriores desde el ámbito académico por darlos a conocer) y todavía hoy su lectura parece adolecer de una falta de visión de conjunto y continúa siendo fragmentada, parcial. Por ello entusiasma la aparición de Una sociedad a la deriva, libro en el que se reúnen artículos, entrevistas y conferencias que, si bien fueron escritos entre 1974 y 1997, hacen referencia a la trayectoria completa de Castoriadis.
El libro está dividido en dos partes. En la Primera, compuesta por cinco textos extensos, se exponen con cierto detalle algunos conceptos clave del filósofo tales como “revolución”, “imaginario social”, “imaginación radical”, “autonomía”.
En “Por qué ya no soy marxista”, entrevista de 1974, Castoriadis narra la historia de la experiencia de “Socialismo o barbarie”, los diversos avatares por los que transitó el grupo (incluida su ruptura con Claude Lefort) y su relación con los sucesos de Mayo del 68. También realiza una aguda crítica del marxismo, cuestionando su visión de la economía y de la historia, y realiza una defensa de un proyecto revolucionario sustentado en la autonomía, concepto al que será fiel por el resto de su vida y que entiende como una “autoinstitución permanente y explícita de la sociedad; es decir, un estado donde la colectividad sabe que sus instituciones son su propia creación y se ha vuelto capaz de mirarlas como tales, de retomarlas y de transformarlas”.
Otro de los textos centrales de la Primera Parte es “Las significaciones imaginarias”, entrevista realizada en 1981. Como el título lo indica, el tema abordado es el de las significaciones que, sin constituirse de un modo racional o lógico ni poder derivarse sin más de cosas “reales” encarnan en las instituciones y las animan. “Cada sociedad –sostiene el filósofo- es constitución, de hecho creación, del mundo que vale para ella, de su propio mundo. Y su identidad no es otra cosa que este sistema de interpretación, o mejor, de donación de sentido”. Por ello, el surgimiento de una sociedad nueva (objetivo capital de todo proyecto revolucionario) requiere de la aparición de nuevas significaciones que transformen las relaciones entre los hombres. En este aspecto Castoriadis destaca el accionar de los movimientos de mujeres, de jóvenes y de ecologistas como “tentativas de diferentes categorías de gente que apuntan a no padecer ya la institución de la sociedad tal como les es impuesta, sino a modificarla”. En definitiva, tal como señala en otro de los textos, titulado “El proyecto de autonomía no es una utopía”, de lo que se trata es de promover “una sociedad en la cual todos los ciudadanos tienen una igual posibilidad efectiva de participar en la legislación, en el gobierno, en la jurisdicción y en definitiva en la institución de la sociedad”.
Los veinte textos que conforman la Segunda Parte son mucho más breves. En ellos Castoriadis pone en juego sus conceptos para analizar acontecimientos históricos puntuales como la caída del Muro de Berlín, la disolución de la URSS, la Guerra del Golfo. Un elemento común en la mayor parte de estos trabajos es la preocupación por la relación entre poder y democracia. “La estructura actual del poder es alienante, atomizante, remite a cada uno a su vida privada y a la infantilización (...) cada cuatro, cinco o siete años se produce esta misteriosa alquimia mediante la cual, durante un domingo, el poder ‘se disuelve’ y, por la tarde se reencarna llegando a ser la ‘hipóstasis’ del pueblo en la persona de sus ‘representantes’”. Ante esta situación Castoriadis insiste en la necesidad de “luchar por instituciones que amplíen las posibilidades del autogobierno colectivo y combatir todas las tendencias que se oponen a esto”.
El libro se cierra con un texto titulado “Una trayectoria singular”, de 1997, en el que, tomando como ejemplo su propia experiencia, Castoriadis plantea una articulación entre filosofía, psicoanálisis y política: “El psicoanálisis permite que la filosofía descubra nuevos campos, y la filosofía finalmente es necesaria para la reflexión sobre los fundamentos del psicoanálisis. El vínculo entre psicoanálisis y política también es muy importante (...) el objetivo del psicoanálisis es volver autónomos a los individuos tanto como sea posible, así como el objetivo de la política es volver autónomos a los individuos y a las colectividades”.
Una sociedad a la deriva constituye un material muy recomendable para quienes se inicien en la lectura de Castoriadis; pero también para quienes deseen ubicar sus lecturas fragmentadas en una perspectiva de conjunto.

Gustavo Santiago