miércoles, 15 de julio de 2009

El anhelo original

Estaba hastiada/o, seco/a, virtualmente vacía/o.
Ello, La Potencia Mayor, El Hacedor de Abismos, que supo ser doncella, rufián, granito, vapor, ímpetu, venganza, había cedido finalmente a la modorra (¡También los dioses se amodorran!).
Conocía perfectamente –no podía no conocerlo- su mal: la escasa imaginación de los hombres. Siglo tras siglo demandando lo mismo, invariablemente: poder, riqueza, goce.
Por eso decidió hacer un alto, tomarse un tiempo. “Se agotó el stock, carajo”, bromeó consigo misma/o.
Pero no había un día en el que no suspirara pensando: “Si tan sólo uno se atreviera a un anhelo original...”.
Al intuir la proximidad del acontecimiento, tuvo que contenerse para no anticipar los hechos. Aun sabiendo que el error no era uno de sus atributos, quiso entregarse a la tensión de la espera, como si necesitara de alguna certeza que constatara lo innegable: que el anhelo original realmente estaba cobrando forma en un ser singular.
Cuando el deseo estuvo maduro, cuando sólo faltaba que el pensamiento de Gutierrez (¡el anhelador original!) cobrara palabras, se preparó para el ejercicio de la omnipotencia.
Pudo esperar el pedido y concederlo desde su etérea ubicuidad. Un milagro secreto arropado de azar. Pero no quiso privarse del placer de estar ahí. Quería ver pero, sobre todo, oler al osado peticionante.
Descartó de antemano toda entrada estrepitosa: imposible evitar que pareciera un mero efecto cinematográfico.
Optó, entonces, por lo clásico. Figura semihumana; piloto gastado que apenas dejara asomar el rabo en punta; leves prominencias en los parietales; cejas pobladas; barbita triangular. Sólo prescindió del olor a azufre, para no contaminar el hedor de aquel que estaba por pedirle lo que nadie antes había podido imaginar: que lo convirtiera en infinitos tachos de basura.

domingo, 5 de julio de 2009

Jean-Luc Nancy: La verdad de la democracia

Una comunidad por hacer
Por Gustavo Santiago

La verdad de la democracia
Por Jean-Luc Nancy
Amorrortu

La conmemoración, en 2008, del Mayo Francés estuvo marcada por una árida polémica desencadenada por expresiones de Nicolas Sarkozy (y avaladas, entre otros, por intelectuales como André Glucksmann y Alain Finkielkraut) en las que invitaba a abandonar toda herencia de un hecho que, según él, había debilitado la democracia y destruido moralmente la política. La verdad de la democracia puede considerarse la respuesta de Jean-Luc Nancy a los dichos del primer ministro francés. Allí muestra la plena vigencia del ideario del 68 ("No hay herencia -aclara-, no hubo deceso") y lo propone como clave para revitalizar la democracia actual.
¿Cuáles fueron los principales aportes del movimiento de Mayo? Ante todo, la experiencia de la transformación del pensamiento que hizo posible considerar la democracia algo más que la mejor alternativa a los totalitarismos que habían marcado el período anterior. La irrupción de acontecimientos que desbordaban a sus propios sujetos -en los que se percibía la apertura a nuevos encuentros, a nuevas posibilidades definidas no sólo como derechos, sino fundamentalmente como potencias- permitió vislumbrar la verdad de la experiencia democrática. En palabras de Nancy: "La democracia quiere decir que ni la muerte ni la vida valen por sí mismas, y que sólo vale la existencia compartida en cuanto allí se expone a su ausencia de sentido último como a su verdadero -e infinito- sentido de ser". Constituye una democracia en la que la singularidad y la comunidad se articulan no por una reducción de la diferencia (como ocurre, según el autor, en el "democratismo de indistinción", que reduce la complejidad de la subjetividad a una mera equivalencia de individuos), sino por la afirmación del valor de cada singularidad en la medida en que "remita a todos como a la posibilidad y la apertura del sentido singular de cada uno y de cada relación".
Dos entrevistas completan La verdad de la democracia . En la primera de ellas, el filósofo amplía el análisis sobre el Mayo Francés y sus consecuencias; la segunda se centra en uno de los conceptos clave del pensamiento ético-político de Nancy: el "ser con", desde el cual construye una noción de comunidad que se enfrenta al comunitarismo que promueve identidades cerradas (proclives a degenerar en concepciones fascistas), y al individualismo que produce seres incapaces de amar, de estar en contacto, de construir juntos. Se trata de una comunidad "por hacer" pero no a partir de la mera suma de individualidades, sino del reconocimiento de que "el "ser-con" forma parte de nuestro ser".

(Publicado en ADNcultura, La Nación, el 04/07/09)