viernes, 20 de agosto de 2010

“NO ME GUSTAN MUCHO LOS FILÓSOFOS QUE DAN CONSEJOS”

Encontré esta entrevista que me hicieron hace unos años. Es curioso que en relación con lo que me preguntan, sigo pensando casi lo mismo...


Entrevista publicada por el Diario Río Negro, el 25 de Junio del 2006

Entrevista express a Gustavo Santiago, filósofo.

-¿Cómo se le enseña filosofía a un niño?
-“La” Filosofía (en singular, con mayúsculas, como algo unánime) no puede enseñarse, porque no existe. Lo que se puede hacer es transmitir entusiasmo para que cada cual construya la suya o busque aquella de la que se sienta más cerca.

- ¿Cómo se le enseña filosofía a un adulto?
- La situación es la misma teniendo un año o cien.

- ¿Qué sabe un filósofo que un rey no sepa?
- Depende de quién sea el rey y quién el filósofo. Aunque lo peor, en ambos casos, no es lo que saben sino lo que creen que saben.

- ¿Es correcta la imagen: “amor platónico”?
- No lo era ni siquiera para Platón. En su libro Banquete, el personaje Sócrates sostiene que antes de llegar al amor espiritual es necesario pasar por la intensidad del amor corporal.

- ¿Qué le parece la serie de libros de Fernando Savater: “Política” y “Etica para Amador"?
- Hay dos libros que me han interesado mucho de Savater, y no son esos sino “Idea de Nietzsche” y su autobiografía titulada “Mira por dónde”. Creo que, precisamente, lo mejor que escribe Savater es su propia vida. Y pienso que ése es uno de los mejores elogios que se le pueden hacer a un filósofo.

- Los griegos habían alcanzado un pensamiento exquisito que se plasmaba en su organización política, en su educación, en su arte y en casi todos los aspectos de su vida cotidiana... pero tenían esclavos y las mujeres estaban recluidas en lo profundo de la cocina, en el mejor de los casos. ¿Me explica el porqué de la paradoja?
- No, porque tampoco yo logro entenderlo. Toda explicación me suena a excusa.

-¿Ser filósofo sirve para conseguir chicas?
- Ayuda a encontrarse con gente interesante.

- ¿Y amigos?
- En mi caso, sí.

- ¿E inversionistas?
- En mi caso, no.

- ¿Me cuenta en qué ensayo filosófico se encuentra trabajando?
- Estoy escribiendo sobre filosofía y arte, especialmente sobre teatro y cine. Me encuentro en plena etapa creativa, con muchas líneas abiertas, algunas de las cuales probablemente más adelante adquirirán una consistencia apropiada, mientras que otras seguramente quedarán en el plano de las ideas.

- Dicen que Dios murió. ¿Sabe de qué padecimientos?
- No me consta que haya muerto.

- Poncio Pilatos recibe a Cristo y al final de una conversación definitoria, Pilatos se pregunta: ¿qué es la verdad? Luego el relato se corta. Sólo queda esa pregunta dando vueltas. A mi me parece que algún fanático arrancó la hoja siguiente porque sino... habría parecido, justamente, filosofía y no religión. ¿Qué me dice usted al respecto?
- Que la Biblia está colmada de cuestiones filosóficas. Y que, a diferencia de lo que muchas veces se piensa, son más las que deja abiertas que las que cierra.

-¿Me recomienda un buen libro para aprender filosofía desde lo básico?
- No conozco otro mejor que un cuaderno en blanco.

- ¿Un sitio en internet para los mismos fines?
- No tengo un sitio preferido. Cuando busco algo sobre un autor, tipeo su nombre en un buscador y paso horas leyendo trabajos que no siempre son confiables, pero que muchas veces son estimulantes.

- ¿Filosofa por la mañana?
- Incluso antes de despertarme.

- Leí un libro que se vendió muy bien: “Los consuelos de la filosofía” No me pareció un libro de filosofía. Por otro lado no estoy seguro de que el sentido de la filosofía sea consolar, diría que en todo caso es todo lo contrario. ¿Coincide?
- Si es el de Alain de Botton, “Las consolaciones de la filosofía”, debo decir que a mí me gustó. Me pareció atractiva la relación que plantea entre filósofos como Sócrates, Epicuro, Séneca, Montaigne, Schopenhauer y Nietzsche con nuestra vida cotidiana actual. Comparto la apreciación que usted hace acerca de que el sentido de la filosofía no es consolar, pero creo que también lo comparte el propio Botton, más allá de haberle puesto a su libro un título en homenaje al texto medieval de Boecio.

- ¿Qué es más bello que una mujer desnuda?
- Usted está suponiendo que toda mujer desnuda es bella... yo no estoy tan seguro. Tampoco creo que la belleza de alguien sea directamente proporcional a la cantidad de ropa que lleva puesta en un momento determinado.

- Leo a Cioran y no me deprimo; al contrario, se me escapa una sonrisa. ¿Imagina por qué?
- A mí me sucede lo mismo. Es una de mis lecturas favoritas cuando me siento bajoneado. Creo que se trata de que por más mal que uno esté, nunca se va a poder llegar a los límites de la desesperación a los que Cioran llega. E, indudablemente, si alguien llegara, no podría hacerlo con mayor belleza que él.

- Le dejo algunas afirmaciones y usted me responde:
a) Jorge Valdano, filósofo del fútbol.

- Comparto. Incluso, diría, un filósofo notable.

b) La carrera de filosofía sirve para hacer profesores de filosofía.
- No necesariamente. Sí creo que hace excelentes lectores de la filosofía.

c) Filosofía barata y zapatos de goma.
- Charly García ha hecho filosofar a varias generaciones. Más que muchos profesores que “sólo conocían su ciencia y el deber”.

d) La materia filosofía debería ser obligatoria durante toda la enseñanza primaria y secundaria.
- Filosofar debería ser una actividad intensamente desarrollada desde el primer momento de la vida hasta el último.

- Se me ocurre diseñar una camiseta que diga: “Yo amo a Sócrates”. ¿Me sugiere alguna otra?
- Una que sea lisa y que venga con un pincel y un tarrito de pintura para que cada quien le escriba lo que quiera.

- Según un documental de National Geographic, en un futuro no muy lejano seremos capaces de vivir 150 años. ¿Supone para qué?
- Creo que son pocos los que se han puesto a pensar para qué viven quince minutos.

- ¿Qué fue primero: el filósofo o la filosofía?
- El filósofo.

- ¿Irá a la montaña para meditar y volver luego de 20 años convertido en un nuevo hombre?
- Ya fui. En serio.

- A mí me gustaría ser filósofo: ¿me recomienda ir a la facultad o hacerme discípulo de un maestro zen?
- Le recomiendo el mar o la montaña, algunos amigos, algunos buenos libros.

- ¿Por que la vida es como es?
- Si lo supiera sería sabio. Por ahora, me conformo con ser filósofo.

- ¿No cree usted que los gobiernos deberían tener también un consejo de filósofos?
- No me gustan mucho los filósofos que dan consejos.

- ¿Me explica el ciberespacio desde una perspectiva filosófica?
- Un simulacro de encuentros y conexiones armado en base a profundas soledades.

- ¿Y el cibersexo?
- Es más ciber que sexo.

- A todo esto, veo un aviso televisivo en el que se me invita a marcar un numero telefónico ¡para encontrar el amor de mi vida! ¿Le parece?
- Pienso que el amor no se encuentra, se construye. Pero se construye a partir de un encuentro que puede producirse de diferentes maneras (o no producirse); incluso mediante esos números de teléfono.

- ¿Tiene usted también un blog?
- No. Prefiero un block. Si es posible, liso.

- Mi abuelo, Antonio, es un hombre de campo que guarda refranes como estos: “Así es la vida amigo, nosotros con la mujer de los otros y los otros con la mujer de nosotros”. Después tiene otro que dice: “Qué linda la viudita, más lindo su peinado, aunque a mí me gustaría, meter la mano donde la tenía el finado”. Hace un par de años se alojaron en su casa dos filósofos extranjeros y concluyeron que era un sabio. No hay pregunta pero espero alguna conclusión.
a) Los filósofos extranjeros estaban extremadamente necesitados de alojamiento.
b) Eran tan extranjeros que no conocían el idioma de su abuelo.
c) No eran filósofos y no sabían muy bien qué decían ellos mismos.
d) Eran filósofos y no sabían muy bien qué decían ellos mismos.

- ¿Se imagina al ser humano del siglo XXV?
- No logro imaginarme siquiera el de fines del siglo XXI.

-George Soros dice que él todavía no tiene suficiente dinero, ¿imagina por qué?
- Porque fue un discípulo de Popper. Está esperando que alguien encuentre una consecuencia observacional que lo refute.

- ¿Cual es el libro de filosofía más complejo, más difícil, más intrincado de todos?
- De los que leí, “La fenomenología del espíritu”, de Hegel. Lo siguen “El ser y el acontecimiento” de Badiou y “Mil mesetas”, de Deleuze.

-¿Haría un pacto con el diablo por su alma?
- Como hincha de Independiente que soy, vivo recibiendo promesas de los Diablos Rojos. Lástima que no se cumplen desde hace rato.

- ¿Cuál es su filosofía para vivir el día a día?
- Intentar vivir del modo más intenso posible.

- Aquí le dejo un espacio para que escriba una frase filosófica que le guste, gratifique o... lo que sea que le genere.
- Me gustan algunas de las clásicas: “conócete a ti mismo”; “ocúpate de ti mismo”; “nadie es tan viejo ni tan joven como para no poder disfrutar de la filosofía”; “sospecho que la filosofía es una rama de la literatura fantástica”.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Jacques Rancière: La noche de los proletarios y El espectador emancipado

Publicada en ADNcultura el 31 de Julio

Jacques Rancière, (Argelia, 1940) es uno de los principales filósofos políticos contemporáneos. En las últimas semanas dos de sus textos han sido editados en español: La noche de los proletarios y El espectador emancipado.
En La noche de los proletarios, Rancière introduce al lector en la vida cotidiana de un grupo de proletarios que, alrededor de 1830, pretenden encontrar o construir, de diversos modos, los caminos de su liberación. Apoyándose en cartas y documentos de la época, el filósofo pone en escena una variada galería de personajes que contrasta con la versión más habitual que suele presentar a los trabajadores como seres toscos, faltos de conciencia, meros componentes de una masa necesitada del esclarecimiento y la conducción que sólo pueden proporcionarles los intelectuales. Los protagonistas del texto de Rancière son hombres y mujeres que independientemente de la tarea que realicen durante el día, colocan el corazón de su jornada en la noche. En ella no buscan el descanso reparador que les permita estar en condiciones para el trabajo del día siguiente. Por el contrario, las noches de estos proletarios son el momento del fervor, de la discusión, del intercambio de ideas, de los proyectos. En ellas se gestan periódicos, panfletos, huelgas; en ellas circula el alimento de la lectura clandestina, de la palabra prohibida. Se trata, ante todo, de un espacio en el que el obrero se sabe potente, creativo, libre; en el que puede pensarse a sí mismo como algo más que un ser meramente explotado. La noche es el momento de los sueños –individuales y colectivos- a construir.
Un gran acierto del texto es el estilo narrativo elegido por su autor. Como si se tratara de un documental cinematográfico en el que se acompaña cámara en mano a los protagonistas, filósofo invita a presenciar los itinerarios de estos personajes singulares que no sólo tienen que hacer frente a su situación social y económica, sino que se encuentran atravesados por conflictos internos, incertidumbres, temores. La proximidad con los protagonistas permite apreciar la complejidad de sus luchas, así como los diferentes matices que la perspectiva de cada uno de ellos les añade. La imagen de la emancipación que construye una costurera no es idéntica a la de un sastre o un tipógrafo.
Quizá los pasajes del texto en los que la importancia de la “noche” como lugar de los sueños de emancipación se encuentra mejor expresada sean aquellos que se refieren a la prisión y al trabajo infantil. Ante la construcción de una enorme y moderna prisión –que seguramente pasará a ser ocupada prontamente por los militantes que desafíen el orden- lo que despierta horror es su perfección panóptica: “la puesta sin remedio del detenido a disposición del ojo del carcelero, la anticipación permanente de esa mirada que no es vista, la ausencia de noche”. Las prisiones modernas son lugares “sin intersticios por donde la libertad o simplemente su sueño pueda pasar”. En lo que al trabajo infantil respecta, la perversidad estriba en que “esos fabricantes no se contentan con explotar las débiles fuerzas de los niños sino que además procuran matar en ellos todo sentimiento de otro mundo”.
Escrito casi treinta años después que La noche de los proletarios (cuya edición francesa es de 1981), El espectador emancipado retoma alguna de las cuestiones planteadas allí, pero tomando como objeto de análisis la relación entre filosofía, política y arte. No se trata ahora de aproximarse al trabajador textil al que se le niega la potencia del pensamiento, sino al espectador, al que se considera un mero ente pasivo. En el artículo que da nombre al libro, Rancière expresa su desconfianza ante toda postura que acentúe la distancia entre quien ocupa un lugar activo y quien está condenado a la pasividad. Su propuesta no es dotar artificiosamente de actividad al espectador. De lo que se trata es de advertir que el espectador es, en sí mismo, activo. En este caso, la emancipación consistirá en “el borramiento de la frontera entre aquellos que actúan y aquellos que miran, entre individuos y miembros de un cuerpo colectivo”. En otro de los artículos, “La imagen intolerable”, el autor plantea la necesidad de tomar las imágenes como parte de un dispositivo que instala un cierto sentido común, un ámbito de visibilidad. La potencia política de una imagen –así como la de un acontecimiento político- se encuentra en su posibilidad de “diseñar configuraciones nuevas de lo visible, de lo decible y de lo pensable”.
Aun sin contar con la belleza literaria de La noche de los proletarios, El espectador emancipado resulta un texto muy recomendable para pensar en nuevas formas de sometimiento y liberación.

Gustavo Santiago