lunes, 6 de septiembre de 2010

Cínicos

Algunas veces se dice que la nuestra es una época en la que impera el cinismo. ¿Es realmente así? Veamos en qué consiste el cinismo filosófico, y pensemos si se aplica -o si se podría aplicar a nuestra época.


El nombre
El término "cínico" deriva de la palabra "perro". No está muy claro si esto tiene que ver con un lugar frecuentado por Antístenes, el "gimnasio del perro blanco" o con las actitudes perrunas de los cínicos. Algo a tener en cuenta es que el significado actual que se le da a la palabra "cínico" se origina en sus adversarios, por lo cual está cargado de sentidos negativos que no pueden aplicarse a aquellos filósofos.

Antecedentes y herencias
Desde un punto de vista histórico es muy interesante el hecho de que es una corriente que surge del socratismo (Antístenes es discípulo directo de Sócrates -es uno de los pocos que está con él acompañándolo en la prisión en el momento en que bebe la cicuta- y de la que, a su vez, surge el estoicismo (Zenón, su fundador fue discípulo del cínico Crates).

Lamentablemente no se han conservado textos escritos por ellos, y las anécdotas han sido recopiladas varios siglos después de su existencia. No obstante en esas anécdotas pueden verse expresados con claridad algunos de los principios que sostenían.

La naturaleza, por encima de todo.
Quizá el principal fuera "obedecer a la naturaleza, por encima de la convención".
La naturaleza le proporciona al hombre todo lo que necesita no sólo para subsistir, sino para ser feliz. Pero el afán de lujos, la ambición, la falta de reflexión hacen que los hombres creen sus propias trampas y que hagan que algo que tenían a la mano se torne poco menos que inaccesible. Lo que es natural, es de por sí bueno; las convenciones que se oponen a lo natural son, en sí mismas, malas.

La Parresía
Al igual que Sócrates, mantenían una actitud desafiante ante los poderosos, tanto con las obras como con las palabras. En este sentido, consideraban como una de las mayores virtudes del hombre el ser "parresiásticos"; esto es, ser capaces de decir la verdad sin rodeos, con toda su crudeza, a aquellos que estaban en condiciones de castigarlos por ello.

Dión Crisóstomo, narrando un encuentro entre Alejandro y Diógenes, cuenta que el filósofo le dice:
"Tú no sólo llevas armas, sino que las llevas, incluso, cuando duermes. ¿Y no sabes que llevar armas es propio de un hombre que tiene miedo? Y el que tiene miedo no sabe ser rey, no más que cualquier esclavo".

La autonomía
Como otros filósofos, los cínicos amaban la libertad. Ser libre significaba para ellos no depender de otros, no traicionarse a sí mismos por temor, no ser esclavo de los propios vicios ni de las cosas materiales.
En el mismo texto que citábamos antes (el Discurso IV, "De la realeza"), Dión cuenta que:
Ante esas palabras Alejandro de le acercó blandiendo la espada. Entonces Diógenes le dijo:
"Enfádate y salta contra esos enemigos, y júzgame el más perverso de los hombres, injúriame delante de todo el mundo y, en el caso de que te parezca bien, atraviésame con tu lanza, pero sé que soy el único de los hombres del cual has oído la verdad que no aprenderás de ningún otro, porque todos los hombres valen menos que yo y son menos libres que yo".

Alejandro avanzó enfurecido, y Diógenes continuó:
"Bien, puedes matarme; pero si haces eso, nadie más te dirá la verdad".

Dión comenta: "Entonces se maravilló Alejandro de la valentía y la falta de miedo de ese hombre".

El diálogo inquietante
Como Sócrates, los cínicos intentaban ayudar a sus interlocutores a abandonar sus falsas opiniones y a que reflexionen acerca de qué es lo mejor para la vida.
En el texto de Dión vemos cómo los momentos de humor se alternan con los de tensión. Comenta Dión:
"Diógenes se dio cuenta de que Alejandro estaba enardecido y que tenía el alma muy inquieta; Diógenes se divertía con él y lo llevaba en todas direcciones para ver si podía apartarlo un poco de su orgullo y arrancar de raíz sus falsas opiniones. Además Diógenes se había dado cuenta de que Alejandro por momentos estaba encantado, por momentos enojado consigo mismo, y que el alma del príncipe era presa de indecisión, como el aire en el tiempo del solsticio, cuando de una misma nube cae lluvia y después resplandece el sol".

El desapego
Además de esta actitud de provocación callejera a los poderosos, los cínicos tomaron de Sócrates su desapego por los bienes materiales y lo llevaron a un extremo. Que se trataba tanto de una elección como de una exigencia se ve claramente en la anécdota en la que Crates trata de persuadir a Hiparquía de que no era un buen partido para ella y le muestra su única posesión: el cuerpo desnudo.

No coincidían en todo con Sócrates
Una diferencia importante en relación con Sócrates se percibe en los medios para alcanzar la vida virtuosa. Sócrates era partidario de lo que luego se denominaría "intelectualismo ético"; esto es, la idea de que nadie hace el mal sabiendo que lo que hace es malo. Si una persona es ayudada a ver, a comprender, qué está bien y qué está mal, necesariamente, según Sócrates, optará por el bien. Los cínicos, en cambio -y en esto coincidirán los epicúreos y los estoicos- advierten que el acceso a la virtud excede a lo intelectual. Alguien puede muy bien entender que un hábito suyo es malo y no tener las fuerzas corporales suficientes para modificar su conducta. Por ello, además de un trabajo intelectual de reflexión, es necesario un entrenamiento físico que haga que el cuerpo responda al intelecto.

Después de este recorrido por el cinismo, volvamos a la pregunta inicial: ¿te parece que la nuestra es una época "cínica"? ¿Sería bueno o no que realmente lo fuera?