domingo, 9 de octubre de 2016

Tortugas

Paso buena parte de la mañana mirando las tortugas del Parque Centenario. Se quedan durante un gran tiempo estáticas sobre las piedras. Su apariencia es casi tan mineral como la de las rocas sobre las que están paradas. De pronto, una se lanza al agua. O, mejor, se deja caer. E inmediatamente lo hace una segunda, y una tercera. Sólo queda una tortuga, tiesa, inmutable. Me pregunto si sabrán que están en cautiverio, si se sabrán observadas. Me pregunto si ellas mismas observan a quienes las contemplan desde la orilla del lago. Me pregunto si se preguntan. Y no puedo evitar pensar, antropocéntricamente, por el sentido de sus vidas. Y de la mía. ¿Cuán diferente seré yo de esas tortugas que suben a su roca, se dejan estar, se lanzan al agua, emergen y vuelven a trepar...? Cuánto más hago, cuánto más me agito, me presiono, me hago problema...  y finalmente mi vida parece tener tanto -tan poco- sentido como la vida de estas tortugas en sus artificiales rocas en el artificial lago del artificial parque de un artificial centenario...

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